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miércoles, 23 de noviembre de 2022

ENSAYO FILOSOFICO SOBRE LA ETICA A TRAVES DE LOS TIEMPOS EN NUESTRO MUNDO La Ética

 

ENSAYO FILOSOFICO SOBRE LA ETICA A TRAVES DE LOS TIEMPOS EN NUESTRO MUNDO

 La Ética

                           “Una cosa es escribir como poeta y otra, como historiador. El poeta puede contar o cantar las cosas, los hechos;  no como fueron sino, como deberían ser;  en cambio el historiador las ha de escribir  no, como deberían ser, sino como fueron , sin añadir ni quitar a la verdad, cosa alguna”.

                                                                                                Miguel de Cervantes Saavedra 1547-1616.

 

El perdón elimina los sentimientos de venganza. La tendencia natural de la falta de perdón es regresar al ofensor y castigarlo, pero el perdón nos libera de esta tendencia”

                                                                                                                                            (Romanos 12:20).

 

Ética, (del griego ethika, término que proviene de ethos, cuyo significado era ‘comportamiento’, "carácter" o incluso ‘costumbre’), como sabemos es la parte de la filosofía que estudia los principios o pautas de la conducta humana.

Aunque demasiado a menudo la ética se confunde con la moral (del latín mores, ‘costumbre’) por extensión, el estudio de esos principios a veces también es llamado filosofía moral. Este tema se ocupa de la ética sobre todo en este último sentido y se concreta al ámbito de la civilización occidental, aunque cada cultura ha desarrollado modelos éticos propios.

La ética, como una rama de la filosofía, está considerada como una ciencia normativa, porque se ocupa de las normas de la conducta humana, y para distinguirse de las ciencias formales, como las matemáticas y la lógica, y de las ciencias empíricas, como la química y la física.

Las ciencias empíricas sociales (como la psicología, la sociología, la antropología, la historia etc.) sin embargo, chocan en algunos puntos con los intereses de la ética ya que ambas estudian la conducta humana y social, pero desde distintos puntos de vista: mientras que las primeras tratan de describir y de explicar cómo es de hecho el comportamiento humano, la ética trata más bien de razonar acerca de cómo debe ser ese comportamiento.

Por ejemplo, las ciencias sociales a menudo procuran determinar la relación entre principios éticos particulares y la conducta social, e investigar las condiciones culturales que contribuyen a la formación de esos principios. Por otra parte, las diversas teorías éticas contemporáneas suelen tener en cuenta las aportaciones de estas ciencias para sus propios propósitos.

 

Principios éticos.

Los filósofos han intentado determinar la bondad en la conducta de acuerdo con algunos principios fundamentales y han considerado algunos tipos de conducta buenos en sí mismos o buenos porque se adaptan a un modelo moral concreto.

El primero implica un valor final o summum bonum, deseable en sí mismo y no sólo como un medio para alcanzar un fin. Pero en la historia de la ética hay tres modelos de conducta principales, cada uno de los cuales ha sido propuesto por varias escuelas como el bien más elevado:

• la felicidad o placer;

• el deber, o la obligación

• la virtud y la perfección, el más completo desarrollo de las potencialidades humanas.

Dependiendo del marco social e histórico de cada época, la autoridad o el fundamento invocado para calificar o justificar una conducta como buena es la voluntad de una deidad, el modelo de la naturaleza o el dominio de la razón. Cuando la voluntad de una deidad es la autoridad, la obediencia a los mandamientos divinos o a los textos bíblicos supone la pauta de conducta aceptada. Si el modelo de autoridad es la naturaleza, la pauta será la conformidad con las cualidades atribuidas a la naturaleza humana. Cuando rige la razón, se espera que la conducta moral resulte del pensamiento racional.

Las teorías éticas fundamentales

Se suele aceptar que hay tres grandes teorías éticas, es decir, tres grandes conjuntos de elementos, principios y reglas de razonamiento ético que explican el comportamiento humano en relación con el bien y el mal. Si las ordenamos atendiendo a su aparición cronológica en la historia de la filosofía, estas teorías son la teoría de la virtud, la teoría del deber y la teoría de las consecuencias. Los principales filósofos y las principales doctrinas filosóficas asociados tradicionalmente a estas teorías son Aristóteles y la doctrina clásica de las virtudes; Kant y la doctrina de la autonomía del sujeto moral; y Mill y la doctrinade la utilidad común.

 

¿Cuáles son los elementos comunes?

 

Toda teoría ética tiene como elementos comunes lo siguiente:(a) Seres humanos como agentes morales libres.(b) Intenciones y propósitos de la voluntad humana.(c) Acciones que pueden ser calificadas de buenas o malas.(d) Reglas morales que califican de manera consuetudinaria esas acciones.(e) Consecuencias o efectos de las acciones sobre el grupo social al que pertenecen los agentes.

 

¿Qué quieren explicar las teorías éticas?

 

Pretenden explicar qué hace a una acción éticamente buena, más allá de la moral vigente en un determinado grupo social. En ese sentido puede decirse que las teorías éticas tienen un presupuesto común, porque todas parten en cierta forma de suponer que hay una brecha entre ‘el ser’ o la manera como de hecho se determina el bien de las acciones humanas en una moral determinada por la tradición, y el ‘deber ser’ o la manera como debería ser determinado el bien por la razón práctica, no en una comunidad moral determinada, sino en la humanidad como tal.

 

¿A qué principios explicativos generales se acogen las tres teorías?

 

Teoría de la virtud.-

 

 Una acción es éticamente buena si es lo que un agente virtuoso haría en circunstancias similares. Una virtud es un hábito de la voluntad y el agente virtuoso es aquel cuyo ejercicio de las virtudes recibe reconocimiento público.

 

El Problema de la realidad los Valores.

De este problema surgen numerosos cuestionamientos, pero el problema radica principalmente en la objetividad y subjetividad de los valores, o sea, que existen serias discusiones acerca de problemas como los siguientes: ¿los valores son objetivos?, ¿los valores existenfuera de la mente de tal manera que todo hombre deba acatar los valores y definidos?, o si los valores son subjetivos ¿dependen entonces de la mentalidad de cada sujeto. También existe otro aspecto importante: su conocimiento, ¿cómo podemos conocer los valores? y en sí ¿cuál es su esencia?

 

 

El Problema del Fin y los Medios, y en general el de las relaciones entre TIC y POLITICA.

 

Muchos sostienen la importancia del fin de tal modo que cualquier medio es bueno si se ejecuta para obtener un fin bueno, esto se Conoce como la tesis maquiavélica ("El fin justifica los medios"), pero con esto lo único que ocurre es que en el terreno ético se sobrevaloran las "buenas intenciones " de un acto, que es parte del interior del ser y se descuida el aspecto externo del acto(los medios, el acto mismo, las consecuencias). Y en política, las consecuencias pueden ser y han sido, desastrosas.

 

 

 

El Problema de la Obligación Moral.

Esto está íntimamente ligado con el tema delos valores ya que normalmente se dice que lo que se hace se hace por obligación, pierde todo mérito, en cambio, cuando se realiza por propio convencimiento,adquiere valor moral. Con esto se da a entender que la obligación moral le quita alhombre la única posibilidad de ser el mismo, de acuerdo con su propia moralidad y con su propio criterio. Pero hay que aclarar también que una cosa es la obligación entendida como coerción externa y otra como la obligación basada en la presión interna que ejercen los valores en la conciencia de una persona. De un modo más académico, se puede decir que seis son los problemas principales que se plantean cuando se emprende la tarea de esbozar las cuestiones más importantes presentes en el devenir histórico de la ética:

 

1. el problema de la clasificación de los niveles desde los que estudiar los fenómenos morales, 

2. el problema de la clasificación de las teorías éticas atendiendo al modo de considerar la norma suprema de la conducta moral, 

3. el problema de la clasificación de las teorías por el modo como pretenden descubrir las verdades morales, 

4. el problema de la esencia de la ética,

5. el problema del origen de la ética

6. y el problema del lenguaje de la ética.

 

En primer lugar, se encuentra, el problema de la investigación empírica de los fenómenos morales tal y como se plantea en la antropología, en la historia, en la psicología y en la sociología.

 

A este nivel pertenecen gran parte de los textos de la ética inglesa de los siglos XVII y XVIII, y también las teorías actuales sobre ética de influencia sociológica.

 

En segundo lugar, hay reflexiones del mismo tipo que las que aparecen en muchos diálogos platónicos, por ejemplo, al comienzo del Critón en las que se afirma y se prueba un juicio normativo, como "no debo mentir" o "el saber es bueno", o, a la inversa, se propone un principio universal y se deduce de él un principio normativo.

 

En tercer lugar, hay reflexiones sobre problemas lógicos, gnoseológicos, semánticos o metafísicos, del tipo de "¿qué queremos decir cuando llamamos a algo "moralmente bueno"?", "¿cómo pueden fundamentarse los juicios éticos?", "¿qué es la moral?", "¿qué significa"moralmente responsable"?", etc.

 

 El primer grupo de cuestiones, por muy importante que sean para la ética, no pertenecen de suyo a la ética, sino que son pura investigación de hechos que no se ocupa de ningún modo de un pensamiento normativo en cuanto tal. Actuarían como presupuestos de la ética, pero no serían ética en sentido estricto.

 

En segundo lugar, por lo que se refiere al problema de la norma suprema de la conducta moral, las teorías éticas pueden ser teleológicas o deontológicas, o ambas cosas a la vez.

Las doctrinas teleológicas,  afirman que la norma suprema de la moral es algo causado por las acciones humanas, aunque dicha norma está fuera del campo de lo moral, como, por ejemplo

el placer, el poder, el saber, la autorrealización, la perfección, la felicidad, etc.

 

Las teorías  deontológicas, por el contrario, defienden la concepción de que la norma suprema de la moral es una cualidad de las mismas acciones humanas. Las formas fundamentales de las teorías teleológicas son, por una parte, el egoísmo ético de Epicuro y Hobbes, en los que la norma es la felicidad del individuo, y, por otra, el utilitarismo, en el que la norma se sitúa en la felicidad de la mayoría. Según las teorías deontológicas, la cualidad moral de una acción consiste o en su libertad, veracidad, etc. ,como ocurre en el existencialismo, o en que la acción corresponda a una regla universal o aun deber ideal, como en la ética de Kant. Una forma mixta sería la ética de Aristóteles, con su principio de eudemonía o, la de Santo Tomás de Aquino, con el fin supremo de alcanzarla visión de Dios, en las que conseguir la suprema felicidad subjetiva implica también la fidelidad a los supremos valores de las acciones humanas, y viceversa. En tercer lugar, por lo que se refiere al problema sobre el modo de descubrir las verdades morales, los sistemas éticos han sido intuicionistas, emotivistas, prescriptivistas o naturalistas.

 

Las éticas intuicionistas, como las de Moore, Prichard,Scheler y Hartmann, opinan que el ser humano está en condiciones de conocer ciertos contenidos no empíricos, a los que llamamos "valores" o "el bien". Quienes defienden la teoría intuicionista deben afirmar una intuición intelectual distinta del conocimiento sensible para explicar el estatuto ontológico de los valores. El emotivismo de Stevenson tiene su origen en la doctrina positivista, según la cual sólo tienen sentido semántico.

 

Las proposiciones empíricamente verificables, por lo que los juicios morales, al no serempíricamente verificables, no tienen contenido informativo y son sólo expresiones del sentimiento. El prescriptivismo de Kant o de Hare no considera los juicios morales ni como informaciones ni como expresiones del sentimiento, sino como imperativos o indicaciones que dejan sin explicar de dónde proceden tales mandatos. Para el naturalismo ético, los juicios normativos no pueden reducirse a los descriptivos, pero pueden ser fundamentados con su ayuda. En cuarto lugar,

sobre la esencia de la ética caben dos posturas antitéticas: considerar que la ética ha de ser una disciplina formal, o bien considerar que ha de ser material.

 

 No es que existan en forma pura ninguna de las dos, pero el predominio del elementoformal en la filosofía práctica de Kant, y del elemento material en casi todos los demás tipos de ética, ha llevado a contraponer el kantismo al resto de las doctrinas morales. para Kant, los principios éticos superiores, los imperativos, son absolutamente válidos a priori y tienen con respecto a la experiencia moral la misma función que las categorías con respecto a la experiencia científica. Esta inversión del origen de los principios éticos, respecto a las morales tradicionales conduce al trastorno de todas las teorías existentes con respecto al origen de los principios éticos, de modo que Dios, libertad e inmortalidad no son ya los fundamentos de la razón práctica, sino sus postulados. De ahí que el formalismo moral kantiano exija la autonomía ética, el hecho de que la ley moral no sea ajena a la misma personalidad que la ejecuta. Las éticas materiales se presentan como opuestas a este formalismo kantiano. Hay dos tipos de éticas materiales: la ética de los bienes y la de los valores. La ética de los bienes comprende las doctrinas que, fundadas en el placer o en la felicidad, comienzan por plantearse un fin. Según sea este fin, la moral se llama utilitaria, perfeccionista, evolucionista, religiosa, individual, social, etc. Tienen en común que la bondad o maldad de los actos depende de la adecuación o inadecuación con el fin propuesto, y no de la obediencia absoluta al deber, como en Kant. La ética de los valores representa una síntesis entre forma y materia moral y una conciliación entre el empirismo y el apriorismo moral. El mayor representante de este tipo de ética fue Max Scheler, quien la definió como un apriorismo moral material, pues en él empieza por excluirse todo relativismo, aunque, al mismo tiempo, se reconoce la imposibilidad de fundar las normas efectivas de la ética en un imperativo vacío y abstracto. En quinto lugar, aparece el problema del origen de la ética.

 

Aquí, las discusiones han girado en torno al carácter autónomo o heterónomo de la moral. Los partidarios del carácter autónomo sostienen que lo que se hace por una fuerza o coacción externa no es propiamente moral. Para los defensores del carácter heterónomo no hay de hecho posibilidad de acción moral sin esa fuerza extraña, que puede radicar en la sociedad o en Dios. A ellas se han sobrepuesto tendencias conciliadoras que ven la necesidad de la autonomía del acto moral, pero niegan que esta autonomía destruya el fundamento efectivo de las normas morales, pues el origen de acto puede distinguirse perfectamente de la cuestión del origen de la ley. Otras discusiones sobre el origen se han referido más bien origen efectivo de los preceptos morales en el curso de la historia o en la evolución del individuo, y han conducido a contraponer entre sí las tendencias aprioristas y empiristas, voluntaristas e intelectualistas, que quedan con frecuencia sintetizadas en una concepción perspectivista en la que voluntarismo, intelectualismo, innatismo y empirismo se conciben como meros aspectos de la visión de los objetos morales, de los valores absolutos y eternamente válidos, progresivamente descubiertos en el curso de la historia. En sexto y último lugar surge el problema del lenguaje de la ética, respecto al cual se han elaborado varias teorías de la mano de autores como C. K. Ogden e I. A. Richards, J. Dewey, A. J. Ayer, R. B. Perry, Ch. L. Stevenson, R. M. Hare, etc.

 

Así, por ejemplo, J. Dewey distinguía entre términos valorativos, como "deseado", y términos descriptivos, como "deseable"; es en este segundo grupo en el que se incluyen los términos éticos. Ogden y Charles diferenciaron entre lenguaje indicativo o científico, y lenguaje emotivo ono científico, al que pertenece el lenguaje de la ética. Ayer y Carnap defendieron el análisis emotivo en la ética, que consistía en hacer de los juicos valorativos juicios metafísicos, es decir, teóricos y no verificables. Hare ha examinado sobre todo los usos de los términos éticos y axiológicos, y ha mostrado que, cuando todos ellos están dentro de un lenguaje prescriptivo, no pueden confundirse los imperativos con los juicios de valor. Todas estas investigaciones sobre el lenguaje de la ética tienen en común el haber descubierto que hay un lenguaje propio la ética, que este lenguaje es de naturaleza prescriptiva, que se expresa mediante datos o mediante juicios de valor y que no es posible en general un estudio de ética sin un previo estudio de su lenguaje.

 

¿Entra el  perdón en nuestra moral y ética?

 

Las teorías éticas pueden ser teleológicas o deontológicas, o ambas cosas a la vez.

Las doctrinas teleológicas,  afirman que la norma suprema de la moral es algo causado por las acciones humanas, aunque dicha norma está fuera del campo de lo moral, como, por ejemplo

el placer, el poder, el saber, la autorrealización, la perfección, la felicidad, etc.

 


1. Perdonar porque Dios nos manda a perdonar. La autoridad del deseo de Dios prevalece sobre su deseo / de no perdonar (Marcos 11:25).

 

2. Perdonar porque queremos que nuestros pecados sean perdonados. A menos que perdonemos, Dios no perdonará nuestros pecados (Mateo 6:15).

 

3. Perdonar para ser libres emocionalmente. Cuando perdonamos, nos liberamos de la amargura y la ira hacia nuestro agresor.

 

4. El perdón elimina los sentimientos de venganza. La tendencia natural de la falta de perdón es regresar al ofensor y castigarlo, pero el perdón nos libera de esta tendencia (Romanos 12:20).

 

5. Al perdonar dejamos el juicio en las manos de Dios. Cuando perdonamos, Dios toma allí el delito y al delincuente (Romanos 12:19).

 

6. El perdón es mostrar misericordia al ofensor, así como nuestro Padre celestial lo hizo. Perdonar es comportarse como el Dios misericordioso (Lucas 6:36).

 

7. Cuando perdonamos, estamos demostrando al mundo que nuestro modelo es – Jesucristo, que perdonó a sus agresores en la cruz (Lucas 23:24).

 

8. La ciencia médica dice que la falta de perdón podría conducir a problemas físicos debido a las emociones irregulares.

 

9. La falta de perdón de las ofensas del pasado y los agresores afecta nuestras interacciones sociales presentes. Personas inocentes se vuelven entonces en víctimas de nuestras heridas del pasado. La falta de perdón nos vuelve negativos y hostiles (1 Samuel 22:19).

 

10. El perdón promueve la unidad . A falta de perdón no puede haber unidad (Efesios 4:32, Colosenses 3:13).

 

La Ética antigua y la medieval.

 

La ética no constituyó en los principios de su historia una disciplina separada y suficiente, sino que apareció siempre subordinada a la política. Para el griego de la época clásica, la ciudad estaba inmediatamente incardinada en la naturaleza. La dike (´juntura´ o ´justeza´), categoría cósmica antes que ética, consistía en el ajustamiento natural, “en el reajuste ético-cósmico de lo que se ha desajustado (némesis) y en el reajuste ético-jurídico del dar a cada uno la parte que le corresponde (justicia)·. [1]

Pero, por otro lado, la función del logos como naturaleza propia del hombre consistía en comunicar o participar en lo común, en la ciudad. La ley, como concreción de la justicia, es precisamente lo que ajusta y reajusta lo común; es decir, lo que cósmicamente ordena la naturaleza y lo que ético-jurídicamente ordena la ciudad. La ley, por valer para la naturaleza entera, vale también para la ciudad, y no es sentida como una limitación de la libertad, sino como su supuesto y su promoción. Suele decirse que la ética occidental nació en Grecia, en los poemas homéricos. Estos poemas no constituyen propiamente una forma de pensar filosófica, sino literaria, pero expresan la experiencia colectiva de un mundo moral sobre el que reflexionará la filosofía. En los términos griegos que aparecen en la llíada y la Odisea, como "bien", "responsabilidad", "virtud", "obligación" o "valor", se encuentran ya muchos significados que aparecerán en reflexiones éticas posteriores. Los más importantes por su repercusión posterior fueron los de "lo bueno" (agazos), que consiste en hacer algo que sirve sobre todo a la propia comunidad, "la virtud" (arete), entendida como "excelencia", como capacidad de sobresalir entre los demás, y "el mejor" (aristos), el hombre que intenta sobresalir prestando los mejores servicios a su comunidad[2]. La moral griega originaria era una moral del bien y de la virtud vividos en comunidad. Entre los presocráticos se encuentran reflexiones de carácter ético que no están ya ligadas a la aceptación de ciertas normas sociales vigentes o a la protesta contra tales normas, sino que procuran descubrir las razones por las cuales los hombres tienen que comportarse de una cierta manera. Pueden citarse en este sentido las reflexiones éticas de Demócrito. Pero habitualmente se considera a Sócrates como el fundador de una reflexión ética autónoma, aun reconociendo que ella estuvo posibilitada por el contexto sociopolítico y moral en que vivió en la Atenas del siglo V a.C., y sin las cuestiones provocadas por los sofistas acerca de los asuntos prácticos, en especial sobre la naturaleza y convención de las normas morales y políticas. Al considerar el problema ético individual como el problema central filosófico, Sócrates pareció centrar toda reflexión filosófica en torno a la ética. El filosofar socrático situó al hombre ante la elección de una vida recta cuyo criterio de elección debía ser el bien. Si el que elige yerra este objetivo, todo está perdido. La conducta moral no se reduce a canjear el dolor por placer, sino que la felicidad consiste fundamentalmente en el cuidado del alma, es decir, en saber sobre el bien y en la fortaleza para vivir según él. Platón, discípulo de Sócrates, se orientó en un sentido parecido al de su maestro en los primeros momentos de su reflexión filosófica, antes de examinar la idea del Bien a la luz de la teoría de las ideas y antes de subordinar la ética a la metafísica. Platón insistió en que la moralidad pertenece por su propia naturaleza a la polis. Las virtudes del individuo reproducen, en su escala, las de la ciudad, conforme a un riguroso paralelismo. Platón representa el intento de plena eticización del Estado, una reacción extremada ante la amenaza del fracaso de la ley de la ciudad por la muerte de Sócrates, la aparición del individualismo, la interpretación de la ley como convención y la desintegración social. Frente al individualismo y convencionalismo de los sofistas, la ética de Platón es una ética social, una ética política. Es la ciudad (polis), y no el individuo, el sujeto de la moral. El bien del individuo está incluido en el de la polis, y ambos en el de la physis o cosmos. Precisamente por eso, la virtud suprema es la virtud de la dike o articulación, la dikaiosyne. Pero dikaiosyne y nomos (´ley´) no tienen simplemente un origen natural, sino que por ser natural es también divino. En el libro primero de los diez que componen la Ética a Nicómaco planteó Aristóteles el problema de que cada actividad humana persigue un bien que es su fin, como ocurre con la medicina, que tiene por fin la salud, o con la construcción, que tiene por meta la casa; pero estos, los distintos fines, tienen a su vez otros, por lo que siempre cabe preguntar: "salud, ¿para qué?", "edificios, ¿para qué?". En esta jerarquía de fines, los subordinados tienen menor importancia, porque no se buscan por sí mismos, sino por el fin superior. Pero puesto que el pensamiento griego no podía soportar la idea de que una serie de elementos subordinados entre sí fuera infinita, para Aristóteles todas las actividades humanas tienden a un fin, y todos los fines son a su vez medios para un fin último, que da razón de los restantes. Este fin último natural de todas las acciones humanas es para Aristóteles la felicidad (eudaimonía), ya que sobre ella no tiene sentido preguntar ¿para qué? Sin embargo, no todos los hombres entienden de igual modo en qué consiste la felicidad humana, ya que unos la ponen en el dinero, otros en los honores, otros en la virtud y otros en el placer. Por eso es necesario trazar los rasgos que ha de tener una actividad para que se identifique con la felicidad y para buscar cuál de las actividades humanas los posee. Según Aristóteles, la felicidad deberá ser un bien perfecto, es decir, que se busca por sí mismo y no por otro superior a él, a diferencia de los bienes útiles, que se buscan por otra cosa; deberá ser un bien suficiente por sí mismo, o sea, que hace deseable la vida por sí mismo, de manera que quien lo posee ya no desea otra cosa, aunque no sea incompatible con gozar de otros bienes; tendrá que ser el bien que se consigue con el ejercicio de la actividad más propia del ser humano, según la virtud más excelente; y será el bien que se consigue con una actividad continua. Las dos últimas cuestiones las intentó aclarar Aristóteles preguntándose cuál es la función más propia del ser humano, y distinguiendo entre las acciones que tienen el fin en sí mismas y las que se realizan por un fin externo a ellas. Cada humano tiene una función propia en la comunidad, por ejemplo, ser soldado, ser gobernante, ser madre... y sus obligaciones morales consisten en desempeñarla bien y en intentar adquirir las virtudes adecuadas para ello. Pero Aristóteles se pregunta si más allá de las funciones sociales de cada cual hay función propia del ser humano como tal. Si existiera una actividad en la que se expresara esa función, la felicidad consistiría en el desempeño de esa actividad a lo largo de la vida entera y la virtud que preparara para su ejercicio sería la más perfecta. Por otra parte, las acciones que tienen el fin en sí mismas son más perfectas que aquellas cuyos fines son distintos de ellas, ya que ni necesitan de algo más, ni hace falta que terminen, porque lo que queremos conseguir con ellas en ellas mismas se contiene. Por eso, si existe una actividad propia del ser humano, que tiene que ser un bien perfecto y autosuficiente, será del tipo de acciones que tiene el fin en sí mismas. Estos caracteres los encuentra en el ejercicio de la inteligencia teórica, que es lo más propio del ser humano, se desea por sí mismo y puede ejercerse con continuidad, ya que la satisfacción que proporciona se encuentra en su mismo ejercicio. De ahí concluirá Aristóteles que el ejercicio de la actividad teórica, de la actividad contemplativa, constituye la felicidad. Pero, puesto que el ejercicio continuo de la vida contemplativa es imposible para los seres humanos, la orientación hacia el bien y la felicidad tiene que conducir en el hombre a una especie de predisposición duradera, puesto que no por proceder bien alguna que otra vez debe un hombre considerarse totalmente bueno, sino que es necesario convertir ese proceder en hábito. Por ello, la virtud se define como un hábito bueno. Aristóteles distingue, en correspondencia con el doble aspecto del alma (lo racional puro y lo racional en cuanto domina lo irracional), las virtudes éticas (propiamente morales) de las virtudes dianoéticas (propiamente intelectuales). La virtud dianoética principal es la prudencia, que constituye la "sabiduría práctica", porque ayuda a deliberar bien sobre lo que nos conviene en el conjunto de la vida humana, a discernir en nuestra toma de decisiones entre el defecto y el exceso, orientado a las demás virtudes. Las virtudes éticas son "un hábito selectivo que consiste en el término medio, tomado desde nuestro punto de vista, determinado por la razón y por la forma de comportarse del hombre prudente" (Ética a Nicómaco, 1106b-1107a). En las virtudes éticas, la acción recta depende esencialmente de la elección del justo medio, así, por ejemplo, la valentía se puede definir como el justo medio entre los extremos de la temeridad y de la cobardía. Otras virtudes éticas son la justicia, la amistad, el valor, etc. Un hombre que vive según las virtudes es un hombre feliz, pero para serlo necesita vivir en una ciudad regida por leyes buenas, porque el logos que le capacita para la vida contemplativa y para tomar decisiones individuales prudentes también le habilita para vivir en sociedad. Por eso la ética exige la política; el bien supremo individual (la felicidad) requiere una polis con leyes justas. Por ello, Aristóteles destaca, tanto en la Ética a Nicómaco como en la Ética a Eudemo, que la moral forma parte de la ciencia política, ya que la vida individual sólo puede cumplirse dentro de la ciudad (polis) y está determinada por ella, de tal modo que hay una correspondencia entre las formas éticas de la vida individual y las formas políticas de la ciudad (polis). El bien político es el más alto de los bienes humanos, pues, aunque en realidad sean uno mismo el bien del individuo y el bien de la ciudad, parece mejor y más perfecto procurar y salvaguardar el de ésta que el de aquél. La justicia depende de la ley, de tal modo que, cuando ésta ha sido rectamente dictada, la justicia legal no es una parte de la virtud, sino la virtud entera. En la doctrina aristotélica el fin de la ética y el de la política son idénticos: la felicidad, el vivir bien, la vida perfecta y suficiente. El fin más alto del esfuerzo humano no es, sin embargo, la perfección del carácter, sino la idea de comunidad. En un estado ideal, bajo el orden absoluto del bien, se identifican las virtudes individuales y las cívicas (Política 1278b y 1288a). Cuando Aristóteles dice del hombre que es un zoon politikon, lo que quiere decir es que es un animal social, en el sentido de que las formas de vida común de la familia y la aldea le resultan insuficientes y necesita de la polis como sociedad perfecta y autosuficiente. El mérito de Aristóteles no fue solamente fundar la ética como disciplina filosófica, sino, además, haberse planteado la mayor parte de los problemas que luego ocuparon la atención de los filósofos morales, como fueron la relación entre las normas y los bienes, la relación entre la ética individual y la social, la relación entre la vida teórica y la vida práctica, etc. El periodo ético pos aristotélico delimita un tiempo de desconcierto político y de crisis existencial en el que los filósofos trataron ante todo de averiguar qué es lo que hace a los hombres felices, conocimiento éste que inmediatamente identificaron con la auténtica sabiduría. Proliferaron en esta época las escuelas filosóficas que, como la de los cínicos, los estoicos y los epicúreos, se ocuparon principalmente de investigar los fundamentos de la vida moral desde el punto de vista filosófico. Preocupó tan especialmente a estos pensadores pos aristotélicos la cuestión de la relación entre la existencia teórica y la práctica, que convirtieron la ética en el centro de la filosofía, de modo que las otras partes de esta, como la lógica y la física, quedaron subordinadas y a su servicio. Fueron comunes a muchas escuelas del helenismo los tres rasgos siguientes: intentar descubrir un fundamento de la ética en la naturaleza, establecer una jerarquía de bienes concretos con la que medir la moralidad de los actos y buscar la tranquilidad de ánimo, que según los estoicos se hallaba en la impasibilidad, según los cínicos en el desprecio a las convenciones y según los epicúreos en el placer moderado o en el equilibrio racional entre las pasiones y su satisfacción. Los cínicos, estoicos y epicúreos intentaron responder a la pregunta sobre la vida buena, mediante el esbozo de un ideal de sabio: es sabio el que sabe ser feliz y es feliz el que es autosuficiente. Surgieron diferencias entre las escuelas cuando trataron de explicar cómo se entiende esta autosuficiencia, ya que cada una de ellas la entendió de distinto modo. Los cínicos, palabra que deriva de kynikós, que significa "perruno", son un grupo de filósofos que se distinguía por afirmar la libertad radical del individuo frente a todas las normas y las instituciones sociales. Decían que el hombre es bueno por naturaleza y es sabio el hombre que vive según la naturaleza, el que desprecia las convenciones sociales, valora la libertad de acción y de palabra, el esfuerzo, la austeridad, somete todo a crítica, rechaza los placeres, tiene por patria al mundo entero y desprecia las instituciones de su comunidad política. La escuela estoica fue fundada por Zenón de Citio, y a ella también pertenecieron Séneca, Epicteto y Marco Aurelio. Los estoicos creían que era sabio el que vive según la naturaleza, pero daban a este término el significado que había tenido en la filosofía de Heráclito (siglo VI a V a.C.), según el cual el orden del cosmos está sometido a una Razón común a todas las cosas, que se componía en relación con ellas como destino y providencia. De aquí concluyeron los estoicos que sabio ideal era el hombre que, al participar de esa Razón mediante la suya, cae en la cuenta de que al estar todo en manos del destino y no en las propias lo que más vale es asegurarse la paz interior mediante el dominio de emociones e ilusiones y hacerse insensible al sufrimiento y a las opiniones ajenas. La serenidad y la imperturbabilidad (apátheia) son la única fuente de felicidad, por la que el sabio es autosuficiente. El epicureísmo, escuela fundada por Epicuro de Samos (341 a.C.), afirma que la sabiduría del sabio tiene dos raíces: el placer y el intelecto calculador, es decir, que el ideal de sabiduría está en el goce bien calculado. Es, por tanto, una forma de hedonismo: consideraban que hay moral porque los hombres buscan el placer y huyen del dolor, y que, como no todos los placeres y dolores son iguales, la inteligencia sirve para calcular los medios más adecuados para lograr el mayor placer posible. Para los epicúreos, es sabio el hombre que sabe calcular cuáles son las actividades que le proporcionan mayor placer y menor dolor, es decir, quien sabe organizar su vida calculando qué placeres son más intensos y duraderos, y cuáles tienen menos consecuencias dolorosas, y los distribuye con inteligencia a lo largo de su vida. Los neoplatónicos tendieron a elaborar su ética al hilo de la teoría platónica de las ideas, aun cuando en algunos autores como Plotino la ética platónica se presentaba mezclada con ideas morales aristotélicas y, en particular, estoicas. Los primeros intelectuales cristianos mantuvieron frente a la ética una actitud doble. Por una parte, incluyeron lo ético en lo religioso y construyeron una ética en la que los principios de la moral se fundamentaban en Dios. Por otra, aprovecharon íntegramente muchas de las ideas de las éticas platónica y estoica, como por ejemplo la doctrina de las virtudes, insertándolas en el mismo cuerpo de la moral cristiana. La patrística cristiana estuvo al principio bajo el influjo de la doctrina plotiniana de la emanación, que se plasmaba en la jerarquización de los valores a medida que parten del Ser perfectísimo, considerado Luz y Bien original. El mal se origina en el límite del no-ser, y procede, según Plotino, de la materia; por ella, toda naturaleza corpórea se convierte en un mal. Este desprecio de lo corpóreo invadió los comienzos de la filosofía cristiana hasta que, con San Gregorio de Nisa y con San Agustín, apareció el pensamiento de que todo ser creado, procedente de la mano creadora de Dios como bien supremo, tiene que ser también bueno: "La gracia divina presupone la naturaleza; no la anula ni la destruye, sino que la completa". Con Santo Tomás de Aquino y su retorno a Aristóteles, la ética adquirió un carácter eminentemente racionalista. Santo Tomás fundamenta la esencia del hombre en la razón; por tanto, todo lo que va contra la razón, irá contra la naturaleza del hombre. Es característico de la ética tomista su particular teoría de la virtud y la idea de una jerarquía gradual de la bondad desde la ley eterna de Dios, a la ley natural y a la ley positiva. La ética de Aristóteles se mantuvo, con matices, en la ética de Santo Tomás de Aquino, quien consideró esencial averiguar cuál es el fin último de las acciones humanas y lo encontró en la vida contemplativa; la diferencia con Aristóteles es que ahora está contemplación se refiere a Dios, hacia el que tiende la voluntad humana para unirse con él como bien supremo. El tomismo busca, pues, el bien y el fin del hombre, más que en la metafísica, en la teología


[1] Dr. Luis Ernesto Moreno Torres.

 

[2] Dr. Luis Ernesto Moreno Torres

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